Lavanda

La Lavanda es un arbusto leñoso perenne con unas vistosas flores violetas o azuladas en forma de espigas con un aroma muy característico y agradable.

La lavanda crece bien con el sol directo y con buena circulación de aire, por tanto, al cuidar la lavanda se deberá buscar un lugar soleado o que esté al sol durante la mayor parte del día. Soporta además los inviernos fríos y las heladas.

El drenaje también es importante y con ello evitaremos encharcamientos inadecuados que puedan pudrir las raíces.

La lavanda no necesita demasiada agua pues soporta bien la sequía. El momento más importante del riego es cuando se plantan los esquejes para que entonces arraiguen.

Durante los meses de frío, espaciaremos los riegos y los concentraremos en las horas centrales del día para evitar que, con la llegada de la noche, sus raíces todavía puedan guardar humedad.

En los meses de calor, lo ideal es un riego regular una vez a la semana y siempre que el sustrato esté seco antes de hacerlo.

Con el comienzo de la primavera o la llegada del otoño lo más recomendable es realizar una pequeña poda para estimular el crecimiento de nuevas ramas pero también de sus flores.

Este arbusto tiene grandes beneficios para la salud y es un gran relajante.

 

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